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#InfografíasPA: El texto argumentativo

#InfografíasPA
@eliprofelengua
Recurso para el profesorado






¿Para qué sirve argumentar? ¿En qué ocasiones argumentamos? ¿Es necesario enseñar a los alumnos a opinar y convencer? ¿Y a convertirse en ciudadanos críticos y conscientes de la persuasión que recibimos día a día a través de los medios de comunicación?
Sin duda, la argumentación es una actividad cotidiana a cualquier edad: desde los medios de comunicación hasta las discusiones paterno-filiales, desde las clases de ciencias sociales pasando por la elección del delegado de clase. Así pues, la tarea de dar y pedir opinión es esencialmente humana y, por ello, más que una constante en nuestras vidas. Si a todo esto le añadimos que estamos en un mundo hiperconectado y mediático en el que nuestros estudiantes están expuestos a múltiples estímulos publicitarios, queda clara la necesidad de enseñar a argumentar.

Los alumnos del siglo XXI tienen que estar más preparados que nunca para elegir entre diferentes opciones y hacerlo de manera lógica y razonada. En este sentido, no podemos olvidar que se calcula que recibimos más de 3000 impactos publicitarios al día. Tienen que estar asimismo listos para expresar sus pareceres y también para comprender la postura de los demás.
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¿Cómo enseñar a argumentar?

Ya Sócrates, Platón, los sofistas y Aristóteles hacían especial hincapié en la argumentación como medio para justificar nuestras opiniones y también para persuadir a otros. De hecho, desde la Edad Media, la retórica como 'arte de la persuasión' fue elemento central de la formación universitaria hasta el siglo XVI. Aunque luego su importancia en los planes de estudio ha ido fluctuando, siempre se ha considerado una habilidad de importancia.

Así pues, los textos argumentativos abarcan a todos aquellos que tienen como objetivo expresar opiniones o rebatirlas con el fin de persuadir a un receptor. Normalmente no aparecen en estado puro, sino que lo hacen mezclados con la exposición. Las posibilidades de práctica son inmensas puesto que la argumentación no solo es escrita, sino que es también oral y audiovisual. Y con una clara ventaja, se trata de textos reales, cercanos a las vivencias de los alumnos y ello aporta un extra de motivación hacia la actividad.

¿Qué tipos de textos podemos utilizar? 

El abanico es muy amplio por lo que lo dividiré en tres apartados (también reflejados en la infografía):

☛ Escritos: cualquier texto de opinión escrito es válido, desde un editorial político hasta la valoración de una película o exposición. Tampoco deberíamos olvidar la propaganda. La elección dependerá de la edad y el nivel de nuestros alumnos.

 Orales: los debates o tertulias siempre son una buena opción si se llevan a cabo de manera guiada y preparada. Además, tenemos los más que interesantes juegos de simulación (por ejemplo, que elijan de una lista de utensilios los tres que se llevarían a una isla desierta o la realización de un juicio).

 Audiovisuales: en este punto la publicidad se convierte en un auténtico pozo de posibilidades de trabajo. Cualquier anuncio bien sea televisivo, radiofónico o en papel nos permitirá profundizar en la argumentación.

¿Qué otros contenidos podríamos trabajar paralelamente?

La argumentación es tan amplia que son muchísimos los aspectos que se podrían trabajar. Entre ellos:

 Las funciones del lenguaje: habitualmente aparecen la apelativa y referencial pero también, en ocasiones, la poética.
 Uso de argumentos y falacias
☛ Cualquier elemento relacionado con la adecuación, la coherencia o la cohesión.
☛ La publicidad nos da la posibilidad de trabajar desde los estereotipos y los prejuicios hasta las figuras literarias.

Finalmente, para completar brevemente la infografía, ampliamos algunos de sus contenidos:

Partes de un texto argumentativo: 
1. Tesis: Es la idea que se quiere defender o demostrar.
2. Argumentos: Son las razones que avalan la tesis que se defiende. En este punto, conviene señalar la importancia de tener en cuenta los contraargumentos que puede generar nuestra tesis.
3. Conclusión: Se recuerdan los puntos clave de la argumentación con el fin de que el receptor los recuerde.

Tipos de argumentos:
  1. De autoridad: Se citan autores de reconocido prestigio en la materia tratada. 
  2. De ejemplificación: Se utilizan ejemplos, anécdotas, citas literarias... 
  3. De conocimiento general: Se aportan argumentos basados en ideas aceptadas por la sociedad en general. 
  4. Afectivo-emotivos: Se intenta provocar en el receptor un sentimiento de compasión o ternura para que apoye la tesis presentada. 
  5. De causa-efecto: Se argumenta un hecho presentando las causas.
Relacionadas con los argumentos, tenemos las falacias:

1. Ad hominem: Se refuta una opinión censurando a la persona que la defiende.
2. Ad baculum: Las razones son sustituidas por el poder de una institución, una persona...
3. Ad populum: Se intenta conmover en lugar de convencer a través de motivos argumentados.
4. To quoque: Se devuelve la ofensa al acusador puesto que no se tienen argumentos para defender la postura.